Te dejo libre


Crees tú que he perdido la batalla
siendo tú el soberbio canalla
que me arrebató a la mujer que amaba
y a la cual yo le confiaba
mis más sinceros besos
donde quedaron inmersos
soplos magnéticos de ensueño y alegría
deseando fuera eterna su compañía.

Pasas por mi lado y rehúyes la mirada
y bien sabes que yo no te he hecho nada;
porque mi alma no te odia
ni tampoco te repudia,
no deberías merecer nada de mi parte;
pero si ella por siempre va amarte
sólo me queda desearte felicidad
por toda la eternidad.

No obstante, si la llegas a lastimar
realmente lo vas a lamentar;
con lágrimas de mujer sois sólo un salvaje animal
borrando tu condición de ser racional
y tendrás la maldición de un poeta
que con sus palabras a duelo, te reta:
Yo seré tu cruel verdugo
primero, te pondré un ominoso yugo
y luego te clavaré en cada ojo un aguzado tarugo
para beber lentamente tu sangre como jugo.

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